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Esforzado

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Y o ya estaba acostumbrado a ver peregrinos o penitentes haciendo cosas de corte medieval por su fe, como recorrer largas distancias de rodillas o descalzos, ya que durante varios años estuve trabajando el tema de la religiosidad popular en Latinoamérica, pero lo de los tibetanos me sorprendió. No solamente porque realizan unas postraciones muy trabajosas frente a sus lugares sagrados, sino porque muchos de ellos vienen desde sus remotos lugares de origen postrándose durante todo el camino, en viajes místicos que pueden duran incluso un par de años. Este hombre era uno de los tantos que cumplían este ritual frente al palacio del Jokhang, el templo más sagrado del Tíbet.

Escena bucólica

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P ara continuar con el Tíbet, algo así como "en reiteración real", ahora va una encantadora escena campestre, y muy tradicional, de la meseta tibetana. ¿Cómo, que no parece campestre? No, no, no me refiero a la pareja de la derecha, con la moto, esos estaban en el patio del hotel, sino a la escena del cuadro, a la izquierda: ese grupo junto al rio con el fondo de montañas. Un lugar ideal para ir de picnic. ¿O no?

En el monasterio

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P or motivos que no vienen al caso, en estos últimos días estuve pensando bastante en el Tíbet y en mis visitas a algunos de sus monasterios, así que decidí poner una foto de las que tomé en ese entonces. Saqué esta imagen en una pequeña capilla del monasterio Drepung, a las afueras de Lhasa, cuando estaba sentado junto a un par de amables monjes que me invitaron a acompañarlos. Mientras uno de ellos leía sus mantras, el otro charlaba conmigo. Las manchas sobre la mesita son del té con manteca de yak que toman todo el día. Me convidaron con una taza del legendario brebaje y fue una experiencia inolvidable: algo así como tomar sebo de vela líquido, pero con sal, así que cuando terminé, como pude, la primera taza y de inmediato amagaron servirme una segunda, decliné el ofrecimiento con mi habitual cortesía.

Desaparición

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F ui a cerrar la ventana del desk y casi me vino un soponcio. "¡Me robaron la plaza!", pensé angustiado, al no ver el familiar espectáculo y de inmediato una idea angustiante me asaltó, apresándome por igual aurículas y ventrículos como una garra de hielo: "¡Fueron los Klingon, después de la parálisis general de ayer al mediodía, ahora nos hacen esto!" , me dije. Tras unos segundos interminables comencé percibir algo, borroso, tenue, casi inexistente, pero algo al fin, trazas. Respiré algo más aliviado. "¡ Todavía hay esperanza !", escuché que decían con voz trémula, y eran mis propias palabras, pronunciadas, supongo, para convencerme a mí mismo y darme ánimo. Vivimos momentos difíciles, pero ya pasarán, y entonces volverá a brillar el sol, como siempre.

Expectativa

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H oy voy a estar bloqueado en el trabajo y no voy a poder salir a fotografiar a la calle durante el ataque alienígena -digo, el partido- así que me limito a poner esta foto, que tomé camino al desk, que muestra un poco la expectativa local por el acontecimiento. Ya veremos qué pasa...

Advertencia

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E l Uruguay entero se apresta a otra jornada de ataque paralizante, esta vez, previsto para este sábado a las once de la mañana. Hay banderas uruguayas por todas partes, en un impulso patriótico global que merecería una mejor causa. Pero en fin, las cosas son como son y al menos puedo aplaudir el gesto creativo de este comercio a la vuelta de mi casa que vende ropa para personal que trabaja en culinaria. Aunque se me ocurre que probablemente uno de los dos delantales les va a quedar de clavo.

Pandemia

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E stamos esperando que de un momento a otro la OMS declare públicamente la existencia de la terrible pandemia provocada por el virus SA WC2010 que parece haber afectado a la mayor parte del planeta. Algunos de sus síntomas más conspicuos son falta de atención hacia todo aquello que no sea la tele, monotonía conversacional, crisis de ansiedad, seguidas de exhaltación o depresion súbitas y, en sus casos más agudos, interrupción completa de la actividad cerebral. Hay indicios que sugieren que este virus vendría del espacio exterior, enviado por malignos extraterrestres para debilitar nuestras defensas, reduciendo nuestra capacidad intelectual y tornándonos más vulnerables a una eventual invasión alienígena. ¡Malditos klingon!