M ás embarcaciones -esta vez un poco mayores- y agua, bastante agua, puesto que es el Océano Atlántico. Fue en Port Gentil, en Gabon, adonde estuve brevemente esperando para embarcar en una barcaza petrolera.
U na cosa trae a la otra y la imagen de ayer del bote en el Ganges me trajo esta otra a la memoria, tomada una mañana de noviembre de 1977 con mi fiel leica en la Bahía de Guanabara desde un barco en el cual estaba embarcado, el Flexservice I. No había viento y una leve bruma ofuscaba el paisaje y me recordaba las marinas de Turner.
T ambién se puede encontrar momentos de calma en la India en muchas otras situaciones, sin necesidad de alejarse demasiado de las casi omnipresentes masas humanas. A orillas del Ganges, por ejemplo, a la salida del sol, numerosos residentes y visitantes realizan sus rituales matinales en silencio frente a las aguas purificadoras del río sagrado.
R etornado al tema de la India y el caos, para ser honesto debo aclarar que no hay desorden en todas partes. En algunos lugares reina la calma, como en este tranquilo callejón de la bellísima y antigua Jaisalmer, en el noroeste del país.
¿C aos? Caos es el que va a haber en la plaza cuando salga esta medianoche del desk. Hoy comienza el carnaval más largo del mundo, su desfile inaugural se realizará más de un mes antes de la fecha que marca el calendario y luego se extenderá y se extenderá...¡Eso es saber vivir, gozar de la vida! (algunos detractores piensan que no es más que una larga joda, pero bueno...)
N i qué decir que el tránsito en las calles de las ciudades de la India refleja esa naturaleza extremadamente desordenada que se manifiesta en muy diversos aspectos de la sociedad. Aprender un poco acerca de la llamada "teoría del caos" me ayudó un poco a enfrentar ese caos urbano sin desesperar. Tras leer algunos libros al respecto, por lo menos ese desorden extremo pasó a resultarme menos amenazador.
S í, creo que caótico es la expresión. Seis años después, de regreso en Delhi, tomé esta imagen, no muy distinta de las que hice en otras ciudades, que no son siquiera como ésta, la capital de un país de 1.000 millones de habitantes poseedor de nichos de tecnología muy avanzada y capacidad militar nuclear.