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Imprevisión

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L a mesa estaba pronta para la inauguración. Detrás había un mural listando prolijamente a los amables patrocinadores. Pero organizar eventos importantes no es tarea fácil y me temo que esta vez se había deslizado un pequeño error: dudo que las dos botellitas que se enfriaban en el hielo fuesen suficientes para saciar la sed de tantas copas. Por suerte me fui antes de que comenzasen los reclamos.

Surrealista

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U na de las cosas que me atraen más del reportaje es la posibilidad de encontrarme con sorpresas, a veces sin relación directa con lo que voy a fotografiar. Esta imagen extraña, que me recuerda a otras que tomé en los andes peruanos durante la Semana Santa de 1977, me estaba esperando en la iglesia de San Francisco, en Montevideo, adonde fui a fotografiar una instalación que forma parte de la Bienal de Montevideo, a la que ya me he referido antes.

Antes del ataque

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H ace unos cinco o seis años había, a la entrada de la escollera Sarandí, un puesto de venta de bebidas y comestibles. Su aspecto era decadente, muy montevideano y consistía poco menos que en un carrito de chorizos apenas mejorado. Un aciago día un grupo de urbanistas, seguramente pertenecientes al selecto grupo de los Illuminati , decidió, concurso mediante y con todas las garantías del caso, barrer con todo lo que había allí afeando el paisaje y en su lugar construir una plaza   ad hoc . El proyecto seleccionado consistió en un diseño innovador que concluyó en una construcción curiosa de corte post-apocalíptico, un paisaje que sugería una zona alcanzada por un ataque nuclear sorpresivo y exitoso. No importó que el modesto carrito proveyese de tortas fritas, chorizos, refrescos y agua caliente para el mate a los cientos de montevideanos que iban a pescar a la escollera o simplemente a pasear cada fin de semana. Ahora no hay nada, solo un páramo, que aunque ya no es radiactivo, sí...

Engañoso

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E ste viernes pasado, cuando iba a fotografiar la Bienal de Montevideo, frente al gran edificio del Banco República vi pasar a este grupo de señores de traje y corbata. Inmediatamente me vino a la memoria la City de Londres, con sus caballeros de traje formal, bombín y paraguas, aunque no llueva y supuse que los de mi foto serían otros tantos businessmen . Error. Momentos después me encontré con un amigo que estaba en la organización de la bienal, que me dijo que no eran ni funcionarios bancarios ni hombres de negocios, sino agentes de seguridad. Las apariencias engañan ¿no?

Confusión

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A yer fui a fotografiar la primera edición de la Bienal de Montevideo, evento que recomiendo (ver sitio web aquí ). Cuando llegué reinaba la confusión; en el centro del hall del hermoso edificio del Banco República terminaban de preparar una instalación de un conocido artista chileno, me arrimé a fotografiarla y de pronto me encontré en medio de una pelea que incluía a ágiles lubolos de lentes oscuros y filosas navajas empuñadas por los mismos artistas. Eso me pareció al menos, confieso que a veces me dejo llevar un poco por la imaginación.

Solitaria

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U na imagen que creo describe alguna forma de soledad, tomada durante la presentación del último libro de una famosa escritora ayer por la tarde.

Espiritual

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A lgunos circuitos ciclísticos son más espirituales que otros, como éste al borde del sagrado Ganges, en la también sagrada Varanasi (Benarés), en la India, programa que incluye la contemplación (o charla) con un   algún  saddhu (hombre sabio, a la izquierda)