E sta mañana temprano llovió por acá, por Montevideo, aunque ya volvió a salir el sol. De todas formas, siempre queda el recurso de mirar una imagen luminosa y alegre para olvidarse por un momento, aunque más no sea, de las sombras.
T ambién la pobre bicicleta aprovecha la tibieza del sol, como residente permanente en el balneario, ella sabe muy bien lo que es el invierno cuando el viento despiadado sopla con aviesas intenciones desde el sur.
Y a va quedando poco sol, se viene el frío del invierno y la costa uruguaya da al sur, por donde entran esos vientos gélidos que tan tornan tan penoso el invierno. Pero mientras que de algún restito de sol, hay que aprovecharlo.
E n esta época del año, el sol está orientado de tal modo que ofrece un juego de luces y sombras característico, "estacional". No me canso de recorrer los mismos lugares -en este caso la rambla de Piriápolis- viendo cómo cambian las cosas cuando cambia la luz. De paso, mediante la insistencia, puede ser que algún día consiga una imagen que me deje realmente satisfecho.
N adie me va a convencer de lo contrario, si en la playa hubiese estado en exhibición alguna escultural figura femenina en bikini, el señor a la izquierda no habría estado tan enfrascado en la lectura de su diario.