Vigilantes

Ayer, cuando volvía del trabajo, descubrí de pronto en la vereda de enfrente - sin molestarse siquiera en disimularse tras el plátano, o algo así- a esos dos ojos pantallescos que me vigilaban atentamente. Apresuré el paso y cuando llegué a casa cuidé de cerrar bien las tres cerraduras de la puerte de calle y durante un buen rato estuve asomado a una ventana, espiando hacia afuera con cuidado, para ver si me habían seguido. Creo que los despisté, pero no estoy seguro, nunca podré estarlo.





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