Pasé frente a la Biblioteca nacional y allá arriba, a la izquierda, descubrí a esa jactanciosa palomita respirando hondo para parecerse a esa (¿gallina?) que retozaba satisfecha a los pies del gran Sócrates.
E sta tarde en un momento pareció como si fuese a instalarse una densa niebla y me acordé de la "camanchaca", una niebla en el norte de Chile que parecía dejar suspendidos en el aire a los personajes que bailaban durante la fiesta de la Virgen de La Tirana.
D e nuevo en el camino, a recorrer esas bien trazadas y espaciosas rutas indonesias por las que circulan confiados incontables conductores, respetuosos de las reglas del tránsito y del derecho de los demás. Toda una experiencia, pero no para los corazones débiles.
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