Desde la tranquilidad y el silencio de Playa Grande, en Piriápolis, el ruidoso el ajetreo de la capital, incluso el de una pequeñita, como Montevideo, parece algo ilusorio, apenas una suerte de espejismo recurrente.
D e nuevo en el camino, a recorrer esas bien trazadas y espaciosas rutas indonesias por las que circulan confiados incontables conductores, respetuosos de las reglas del tránsito y del derecho de los demás. Toda una experiencia, pero no para los corazones débiles.
A quienes pueda interesarle, les aviso he subido a mi página en inglés casi 150 fotografías de mi serie sobre el tropero, que he expuesto parcialmente el varias oportunidades, la última de ellas en el Museo Nacional de Artes Visuales en Montevideo. Pueden verse aquí .
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