Hay que decirlo, había demasiada gente, demasiados turistas, no dejaban tranquilo al pobre Camoes en su tumba. Juntando las manos el poeta rezaba, "por favor, Señor, ¡haz que se vayan de una vez estos fastidiosos!"
E sta tarde en un momento pareció como si fuese a instalarse una densa niebla y me acordé de la "camanchaca", una niebla en el norte de Chile que parecía dejar suspendidos en el aire a los personajes que bailaban durante la fiesta de la Virgen de La Tirana.
D e nuevo en el camino, a recorrer esas bien trazadas y espaciosas rutas indonesias por las que circulan confiados incontables conductores, respetuosos de las reglas del tránsito y del derecho de los demás. Toda una experiencia, pero no para los corazones débiles.
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