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Viejo barrio que te vas...

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C omo en la letra del tango de Víctor Soliño " Adiós mi barrio " y que empieza así, Viejo barrio que te vas te doy mi último adiós ya no te veré más. hay cosas que hemos visto y que, como el androide de B lade Runne r ,  ya nadie más verá. Esta escena de barrio, por ejemplo, nada menos que en la Ciudad Vieja, hoy saturada de cámaras policiales para combatir rapiñas y hurtos. Los niños ya no juegan más a la bolita, no sé qué harán, pero se nota que ya no les interesa y las vecinas no charlan tan tranquilas como antes. Todo cambia, pero nadie nos asegura que vaya a ser para mejor.

Piropo

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A l escuchar el piropo la muchacha apenas sonrió, halagada, pero prosiguió su camino sin dar más muestras de haberlo oído. Tampoco desvió la vista, limitándose apenas a mirar con el rabillo del ojo a su perpetrador. De todas formas no le atraían los hombres de cabeza demasiado redonda.

Al acecho

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A l retirarme sigilosamente de las ruinas de ese modesto templo del mal vernáculo, me encontré con esta puerta entreabierta la que, si le vamos a hacer caso a las antiguas inscripciones que la rodeaban, conduciría a verdaderos infiernos de sensualidad y pecado. Pero como mis largos años de estudio en un colegio de curas probablemente me habían saturado de anticuerpos contra el pecado de la lujuria, antes de brotarme con un incómodo serpullido alérgico, me apresuré a dejar el local con mi botín fotográfico

Licenciosas ruinas

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U n día brumoso de diciembre del 71, conseguí armarme del coraje suficiente como para incursionar en las tenebrosas ruinas de lo que fuera el cine Hindú, legendario lugar de pecaminosas experiencias cinematográficas del cual tanto había oído hablar a mis compañeros de la secundaria. Munido de mi pequeña y fiel Leica, escudo invulnerable a las saetas de la lubricidad, recorrí en silencio y no sin cierto recelo lo que quedaba de esa modesta Sodoma local. Mi coraje fue recompensado con creces, pues más allá de las ruinas del templete del pecado, vislumbré las imágenes de exóticos palacios fundiéndose con la niebla del pasado. Apenas tuve tiempo de encuadrarlos en el visor de mi cámara y dispararla unas cuantas veces antes de que el espejismo se devaneciese por siempre jamás.

Incendio

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E l comentario de un amigo que frecuenta este blog referido a la sede de la antigua compañía de transporte interdepartamental ONDA, en la Plaza Libertad o Cagancha, me recordó que una vez que pasaba por allí tomé esta foto mientras los bomberos luchaban contra un incendio en sus oficinas. Un fotógrafo de El País, creo que era, hizo a su vez una foto desde otro ángulo en la cual aparezco yo tomando esta foto, pescándome en un claro caso de cazador cazado.

Anochecer en el puerto

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A nochecía en el puerto de Montevideo y tomé esta foto del dique Regusci (hoy Tsakos) al fondo, con la poca luz que quedaba. Era en la época en que cualquier mortal podía pasearse libremente por el recinto portuario, pues únicamente el acceso a los barcos estaba controlado. Pero eso fue antes de que los Estados Unidos nos implicaran a todos en su guerra sin fin con alguien, con el terrorismo islámico hoy, como antes lo fuera con la URSS y sus aliados, y draconianas normas de seguridad terminasen siendo impuestas en casi todos los puertos del mundo, para fastidio de trabajadores y autoridades locales por igual.

Huyendo del fuego

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E n Piriápolis, entre la terminal de autobuses y el lugar donde se hace la feria sabatina, la intendencia hizo talar varios viejos eucaliptos que daban sombra en verano y protegían un poco, al menos, de la lluvia en invierno, para construir una pista de skateboard para adolescentes (¿es que alguien que no sea adolescente hace skateboard ?) Fue una lástima, pero ahora los que pagan las culpas son los jóvenes, que durante el verano son cocinados a fuego lento por el calor que acumula el concreto de la pista, como puede verse en la foto, adonde un grupo de jovencitos tratan de huir de las llamas en sus tablas humeantes.