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Mostrando entradas de noviembre, 2015

Plegaria

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H ay que decirlo, había demasiada gente, demasiados turistas, no dejaban tranquilo al pobre Camoes en su tumba. Juntando las manos el poeta rezaba, "por favor, Señor, ¡haz que se vayan de una vez estos fastidiosos!"

Agradecidos

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E l médico portugués José Tomás de Souza Martins murió de tuberculosis y es considerado un santo por sus devotos, que cada tanto dejan una plaqueta en agradecimiento por algún favor concedido junto a su monumento frente a la facultad de medicina en Lisboa. La pintoresca historia que nos contó una señora que voluntariamente limpiaba el lugar era bien otra, mucho más truculenta, pero al final de cuentas, no importa mucho, del generoso Souza Martins hoy no queda más que el recuerdo.

Se viene el verano

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S e viene el verano, esa maravilla natural que por añadidura nos sale gratis, con sus días festejantes del sol, su mar de aguas tibias y salobres invitándonos a unirnos a él, con sus noches cálidas salpicadas de estrellas (y de mosquitos, pero bueno, nada es perfecto). Hay que irse preparando mentalmente, ya falta poco.

Ominoso

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N o sé si las cruces tenían algún significado específico o qué, pero de todas formas el efecto me pareció un tanto ominoso...

Esquiva II

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P ercibí esta otra doncella (¿o sería un ángel, cuál es el sexo de los ángeles?) fugazmente y por un instante pensé en seguir sus pasos para ver adónde iba, pero luego recapacité. Se estaba internando entre los panteones del viejo cementerio y nunca se sabe,  creo que es mejor mantenerse a distancia...

Esquiva

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M e atrajo su juvenil esbeltez y elegancia y traté de fotografiarla, pero ella, esquiva y esbozando una sonrisa burlona, se apresuró a ocultarse detrás de los grafitis.

Iglesias

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E s sorprendente la cantidad de iglesias que hay en Portugal, algunas de ellas muy antiguas y bellas. Pero llega un momento en que se tornan un poco demasiadas y entonces es hora de ir a sentarse en una mesa de café en alguna linda plaza o un   largo a tomar una bica (un expresso) y disfrutar del panorama con toda calma.

Confuso III

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C uando por fin me vi más o menos libre de los efectos etílicos de mis libaciones, me volvi a sorprender. Aparentemente había transcurrido más tiempo del que suponía, todo el mundo en la parada del autobús parecía haber envejecido mucho...

Confuso II

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O tro día me volvió a pasar lo mismo que relato en la entrada de ayer, pero sin haber tomado oporto. Ahora queda todo claro: fue la cerveza.

Confuso

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H abía tomado un imperial  (un vaso grande de cerveza) con el almuerzo y luego una copa de oporto y cuando salí a la calle lo veía todo un poco borroso, extraño, como si estuviera ebrio, Lisboa estaba diferente, confusa, muy interesante.

Azul

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T oda una sinfonía en azul, y en la vidriera de la antigua "lechería y mantequería" La Minhota, aunque no se vean bien, en lugar de productos lácteos, hay botellitas de agua mineral, también azules, por supuesto.

Completita

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Q ué quieren que les diga, me quedo con la muchacha de la derecha, la veo...qué sé yo...más completita.

Confortable

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U n elegante y refinado sillón, un poco usado, hay que decirlo, a la espera del igualmente lujoso apartamento (en construcción). No hay de qué quejarse, todo va como en el mejor de los mundos panglossianos.

Encerrada

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E sta otra bella, probablemente una princesa cautiva de un malvado dragón, parecía hallarse en una situación más desesperada. Los automóviles que circulaban frente al torreón en el que se hallaba pasaban raudos, sin detenerse. ¿Cuándo diablos iba a llegar ese maldito caballero a rescatarla, se puede saber? -se preguntaba la pobre.

Escape

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L a Bella lo tenía todo dispuesto para su huida: la veloz bicicleta la aguardaba afuera para conducirla hacia la libertad; únicamente restaba trasponer las rejas que la separaban del exterior para poder salir y enfrentarse al mundo real.

Concentrados

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E sta mañana, de camino a la agencia, me crucé con este numeroso grupo de obreros en paro por diversas reivindicaciones laborales. Pero los que estaban realmente concentrados, concentrados en lo que estaban haciendo y demostrando un total desinterés por todo lo que no fuera su tablero, eran estos amigos ajedrecistas, a quienes he registrado en varias oportunidades siempre envueltos en un silencioso huracán mental de considerables proporciones.

Desde la infancia

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L os montevideanos somos muy indisciplinados y transgresores en lo que se refiere al tránsito; como peatones no respetamos los semáforos y cruzamos calles y avenidas en cualquier lugar y como automovilistas, mejor ni hablar. Pero no es enteramente culpa nuestra, no. Es una conducta que han incorporado desde nuestra más tierna infancia nuestros educadores montevideanos. No es una excusa, es simplemente así. Para ejemplo va esta imagen de la misma esquina, la de arriba tomada a las prisas desde la ventana del desk y la segunda esta mañana desde el lugar de la transgresión.

Arte en la calle o la calle como arte

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U no lee en las guías turísticas que tal o cual ciudad está llena de galerías de arte y de actividades relacionadas con las artes. ¡Pues señores, en mi ciudad el arte está en las calles, al acance de todos, solamente hace falta un poco de imaginación (y probablemente un mapa como para una "búsqueda del tesoro") para encontrarlo!

Desfile

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T rabajar los domingos por la tarde tiene sus compensaciones, aunque escasas, por cierto. Pero una de ellas es la de tener una perspectiva elevada de un desfile inusual, como este.

Ventanita

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L o habían ubicado en un rincón del almacén, entre dos estanterías repletas de licores y vino. Pero el pequeño no parecía molesto por lo limitado de la perspectiva, tenía en sus manos esa pequeña ventanita por la que podía ver aquello que le interesaba.

Frente a frente

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E staban frente a frente, con la calle de por medio, la joven y el elegante galán. Me pareció poco delicado quedarme husmeando, así que tomé la foto y me retiré rápidamente.

Aprovechando el tiempo

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C ualquier lugar es bueno para aprovechar el tiempo leyendo, aún la cafetería de la estación de trenes, especialmente si el libro es grueso y hay que leerlo todo.

Solo

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R ecuerdo que, hace ya mucho tiempo, solía hablarse de un libro famoso, El hombre que está solo y espera , del pensador argentino Raúl Scalabrini Ortiz ( link ). Confieso que hasta ahora no lo he leído, aunque acabo de bajarlo de aquí y pienso hacerlo en la brevedad (hay cola). Este ajedrecista solitario me lo recordó, pensé en algo así como El ajedrecista que está solo y espera , y en realidad eso es lo que estaba haciendo, aguardando por algún rival, y mientras tanto, analizaba una partida.

Como en un comic

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A nte tal profusión de trazos, al tomar la foto tuve la sensación de que el hombre del maletín en realidad se internaba en las páginas de un comic .

Elegancia

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A sí es, la elegancia, la verdadera elegancia, puede aparecer en cualquier momento y en cualquier lugar, como en este caso.